Elvenking - The divided heart

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agosto 16, 2007

Valle del Imdaris 3


Al día siguiente, y tras las palabras de Jatrael, que les había dicho que las ruinas cercanas no escondían algo interesante, se dispusieron a ir más lejos; prepararon su equipo y cabalgaron hacia las ruinas de un antiguo temple, situado a medio día de viaje de la villa, y más cercanas a la inhabitada Nulb.
Nada más llegar, en los lindes del bosque, Shart divisó a lo lejos siluetas recortadas en el cielo del atardecer, y que tenían por acompañamiento las cercanas ruinas del templo. Shart, valiéndose de su sigilo, se adelantó a sus compañeros para examinarlas más de cerca. Minutos más tarde el mediano regresó junto al resto, las figuras que había visto eran humanoides, pero se asemejaban a los trasgos.
Avanzaron sigilosamente, moviéndose para caerles desde las sombras de los árboles, por la espalda. Shart fue el primero en golpear, el mediano dió un golpe letal con su ballesta a uno de los grandes trasgos, que cayó fulminado. Glipert apareció por el otro flanco, eliminando a otro de los humanoides. Mientras Elhayn interpretaba sus artes, Leghans abatió a otro con proyectiles mágicos. El último cayó sin tiempo de reaccionar, tras un ataque combinado de Shart y Glipert.

Al parecer, había algo más que sólo ruinas...

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(continua)

agosto 09, 2007

Valle del Imdaris 2




Leghans había salido, partió en busca del Jefe de la guardia, al que encontró al cabo de un tiempo. Elmo, un humano alto, con la cabeza rapada, le recibió.
Después de las formalidades, y presto que se hacia tarde, Leghans fue al grano...

- Verás, hemos atravesado las G'andhez, y Hommlet está villa es la última protección antes de llegar e Ehb. Creo que no permaneceremos mucho en este lugar, y precisaba si podriáis darme indicaciones sobre como hallar la Gran ciudad.
- Y entoces, ¿supones que yo se la ubicación? - respondió Elmo con calma.
- Naturalmente, vuestra posición en la ciudad permite especular sobrequello.
- Talvés - se relajo el Jefe de la guardia -, pero pocos conocen el paso a Ehb, es un bastión que debe ser protegido. Por lo demás, si lo supiera, no veo razón para deciroslo.
- ¿Por qué? - inquirió el mago.
- No cualquiera pasará a Ehb, debemos resguardar los pocos puntos de civilización que queden y, si queréis pasar, no tendréis problemas en permanecer en Hommlet hasta que quede conforme con vosotros.

Pese a que el mago insistió un poco más, Elmo no cedió; por lo demás Leghans no quisó seguir insistiendo viendo la determinación de Elmo. Al llegar a "la bienvenida de la moza" les explicó la situación a sus compañeros.

Elhayn por su parte, había continuado la charla con Jatrael...

- He dado una pasada por las ruinas cercanas - decía el humano -, pero no he hallado nada de interés. Ni siquiera en la Barbacana, que fue lo que me trajo aquí, les recomiendo que no pierdan su tiempo por estos lados...
- Vamos, siempre hay algo - volvía a insistir por quien sabe cual vez el bardo
- Será, puede que halla algo, si os tenéis confiaza id al Nulb, el pueblo fantasma... y si queréis algo mas a vuestro alcance, puede que en las ruinas cercanas os divirtáis un rato con unos grandes trasgos...

Elhayn había conseguido algo. Más tarde, concertaron que lo conseguido por Elhayn serviría para ganar el favor de Elmo.

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(continua)

agosto 02, 2007

El Valle de Imdaris 1


La fiesta de Yuleh ya había quedado atrás, y con ella los frios y blancos meses del Invierno. Habían dejado atrás Ankog hace ya ocho días, y ahora las montañas estaban quedando atrás; cabalgaban por las últimas colinas antes de bajar a las llanuras hacia el norte.

No tuvieron problemas para dar con Hommlet, última parada antes de pasar a Ehb, su objetivo final. Buscaban la mítica ciudad hace poco menos de un año, y ahora ya estaban a un paso de entrar a ella. Sin embargo sabían que de algún modo el Consejo les pondría otra traba en este el último puente hacia Ehb.

Llegaron a la "bienvenida de la moza", la posada local, y bebieron algo mientras se preguntaban cual sería la última prueba.

Elhayn se acercó a la barra y pidió cerveza

- Saludos bella Dama - digo el bardo - ¿Se cuenta algo de interes por esta villa? - agregó después de una pausa.
- ¿Algo de interés? - la joven humana detuvo su trabajo y se colocó junto al bardo - ¿qué es lo que le interesaría a un elfo en estas tierras?

Mientras Glipert, Shart y Leghans platicaban sentados en una da las mesas, otra persona se sentó junto a Elhayn, era un humano, llevaba un cuero tachonado bastante elaborado y un estoque al cinto. Ocupó el taburete del lado. Leghans se levantó y salió de la posada.

- Quien sabe... - continuó el bardo - cualquier cuento interesan...
- No mucho - le inrrumpió aquel que se había sentado junto a él. - Es una villa pequeña, en mayor parte tranquila. Tú... y tus compañeros parecen ser aventureros, y si es así, no encontraréis mucho por aquí. Al menos que busque lo que busca cada trovador apenas llegar a una ciudad.. - remató el extraño con una risa suelta.
- ¿A que te refieres?... con eso de que no encontraremos mucho, lo segundo creo entenderlo...
- Ja, ja... simplemente a eso me refiero, lo único que queda son esas ruinas que supongo, notastéis de camino a la villa.
- Si, ¿pero nada en las ruinas? - insistió el bardo.
- Nada, amigo. Estuve allí hace unos días, buscando tesoros... ya sabes, algo de utilidad para una persona como yo... disculpa, ¿te llamas?
- Elhayn Jud, ¿y tu eres?
- Jatrael - respondió el otro -, cazador de tesoros.

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(continua)


julio 16, 2007

Preludio: Argentius


I


El extraño se acerco cauteloso hacia las puertas de la empalizada del pequeño Abathorn, en el corazón del Abotwyff. El poblado se ubicaba a los pies de las Faehez, donde los comunes locales habían empezado a practicar la minería. Lo que llevó al extraño al pueblo fueron los rumores que se contaban acerca de estas excavaciones: había oído decir que orcos, nada más que extintos orcos, habían aparecido en las montañas. Sin embargo se contaba que no eran orcos normales, si no tocados por la Marca demoníaca… “marcas de los Tiempos oscuros” se decía el extraño. Ante la suposición de que estos orcos demoníacos le darían algo de trabajo era que se había dirigido al poblado.

Pero algo altero sus planes, las excavaciones mineras fueron más lejos que sólo liberar confundidos orcos, en las profundidades de las Faehez algo más terrible se despertaba de su sueño y el brujo lo pudo sentir. Fue cosas de horas, al caer la tarde el Bálor ya había salido a la superficie y el brujo lo enfrentaba en duelo a muerte. En su feroz arremetida, el tanar’ri había derrumbado los complejos de la mina, acabando con enanos, humanos y algunos elfos que trabajaban en el lugar… y ahora cargaba a la ciudadela. El brujo lo detuvo, con su espada alineada logró superar al demonio y destruirlo.

El vizconde local, agradecido por la valentía del extraño, le ofreció una recompensa cualquiera, a lo que el brujo se negó. Y ante la insistencia del vizconde, el extraño le contestó:

- Me darás aquello que ya posees y de lo que aún no saber. Volveré a Abathorn dentro de seis años, para comprobar si el destino me ha sido benigno.

Cuando el brujo volvió al pueblo no se fue sólo, llevaba consigo a un niño de cinco años, Argentius.

II

El vizconde, ya alejado de la responsabilidad de velar por su ciudad, se abocó a lo que la había estado atormentando durante veinte años: el niño del destino. Aquel a quien había dado vida, pero que tuvo que entregar en virtud de una promesa sagrada. Ahora el vizconde le buscaba, a él y al extraño brujo, para aclarar las cosas, para reclamarle al brujo le devolviera a Argentius. Le encontró, pero el brujo defendió su derecho sobre Argentius, y el vizconde, indignado, desenfundó su arma y se lanzo contra el brujo. Argentius, viendo todo indiferente, fue escuchando las palabras que intercambiaran el vizconde y el brujo, y adivinó algunas cosas. Supo que su maestro había acabado con el Bálor, y que alguna deuda mantenía el vizconde con él.

El brujo tropezó y el vizconde quiso aprovechar la abertura en sus defensas, lanzó una estocada directo al corazón del extraño, una estocada que fue perdiendo fuerza progresivamente, mientras sentía que algo caliente corría por su pecho… el vizconde se sintió desfallecer, una hoja atravesaba su corazón, pero no era la del brujo: Argentius le había dado la estocada mortal al ver en peligro a su maestro.

El vizconde cayó de rodillas, contemplando el rostro de Argentius, y lloró al ver en lo que se había convertido… le miró a los ojos….
- Hijo…. – fueron sus últimas palabras.
- Maestro, ¿quien era aquel extraño? – dijo, mirando confuso a aquel que le enseñara el oficio de brujo
- Tu padre, Argentius, tu padre. – el rostro del brujo no reflejaba emoción alguna.
- ¿Mi padre? Pensé que sentiría algo especial al hallarle – Argentius no demostraba emoción alguna, como todo brujo – Lo del Bálor… ¿usted realmente le mató?
- Si
- Vaya… bueno, ¿continuamos con nuestro camino?

Camina a Ehb.

Argentius Whitefall, brujo humano brethii


Idea y texto original: Aradath
Edición de texto y guión: Rethzel Ragnar

julio 13, 2007

Preludio: Shart


Todo comenzó en el Dugaljardin, el circo familiar. Shart fue criado como uno más del circo, sin embargo, la sangre de la familia circense más antigua de la región pronto se hizo notar, y Shart comenzó a destacar por su habilidad para las piruetas y acrobacias.


I

Staver, tío materno del pequeño Shart, al ver su destreza natural, decidió ir más allá al enseñarle algo más que acrobacias y trucos circenses. El viejo, como llamaban a Staver, le enseñó a Shart lo que él llamaba “los trucos del artista”; es decir, le inició en las artes de los pícaros.

El entrenamiento, a pesar de ser arduo, no fue problema para el dotado Shart, y con el paso del tiempo no sólo se consideró bueno, si no que el mejor.

Pasaban los años y el mediano se iba fortaleciendo en las artes del latrocinio y al furtividad. Pero un duro golpe vino a cambiar su modo de enfrentar la vida: corrían los últimos meses del invierno y el circo se ponía nuevamente en movimiento por el reino, cuando en una nublada mañana los padres de Shart discutían como ya era habitual. Shart, escondido detrás de una carpa escuchaba la pelea… “¡Sabes que Shart no es tu hijo! No tienes derecho sobre él” le remarcaba la madre a Gann, el supuesto padre del mediano. Shart quedo paralizado, presa del estupor: aquel a quien había llamado padre, y por quien sentía (contrario a lo que se pueda pensar) un odio inmenso por sus repetidas golpizas, resultó ser sólo aquel que había reemplazado a su progenitor… Sin saber como reaccionar, el mediano echó a correr hacia ningún lugar… y en esta desesperada arremetida chocó con su abuelo…


II

El fuego en el hogar ardía y atemperaba cálidamente la habitación concéntrica, era la única fuente de luz del lugar y dibujaba dos tenues siluetas en las penumbras: dos medianos. Hablaban de negocios, al parecer de algo fuerte. Giorsal Divecha, uno de los medianos, era el propietario de aquella suntuosa mansión. Ninguno de los dos percibió la sombra que se movía por las escaleras, alcanzando el segundo piso… era Shart. Ya en el segundo piso se dirigió silenciosamente a una de las ventanas y lanzó una cuerda desde al alfeizar hasta la calle lateral, donde le esperaban dos de los miembros de Due Anbrathot. Los cuatro restantes hacían su entrada por otros lados, pues este pequeño élite de ladrones actuaba como un micro engranaje.

Al día siguiente la noticia corrió por toda la ciudad, e incluso más allá: un grupo de pícaros había robado las siete gemas del krag Giorsal, y se sospechaba de los llamados Amigos de las sombras. Shart, ante la inminente investigación decidió dejar Britton, donde se había realizado el atraco y partió hacia el norte, a las fronteras con el reino de Suna. Allí, en la fronteriza ciudad mediana de Harpam, el mediano fugitivo esperó al Dugaljardin. Cuando este llegó, Shart buscó inmediatamente a su madre, Krita; la que enterada de los sucesos que precipitaron la escapada de su hijo le rechazó ante el circo completo… Shart, ahora el renegado fue exiliado de su clan y tan sólo el Viejo le acogió en su tienda ante el reproche del clan Valjardin. Fueron las dekhanas más duras del mediano: abatido por la culpa, y el dolor de haber traicionado a su familia, vivía la humillación de ser ignorado por los Valjardin.

Pasaban los días, y Shart veía con dolor como era ignorado; incluso la que antes fuera su novia ahora no le hablaba y para dolor del pícaro, ahora era pareja con el que fue su mejor amigo. El mediano no pudo más, pasando por alto su exilio, Shart reto a duelo a Ryker, el cual le derroto. Humillado y sangrando corrió a la tienda del Viejo, al no hallarlo tomó algunas cosas de su equipo y luego fue a la tienda de su madre… se detuvo en el umbral: Gann tenía a su madre desnuda y atada, con el cuerpo lleno de extrañas marcas… se sobresalto. No esperó a ver la reacción de su padrastro, y echó a correr, nuevamente hacia ningún lugar…


III

Britton estaba un tanto cambiada, la ciudad de las perlas había crecido un poco desde que robará las gemas, hace algunos años… años vividos entre parias como él. Shart avanzó hacia el puerto, a la ensenada. Buscó con la mirada una pequeña embarcación, insignificante. Avanzó hacia ella, y dio tres golpes secos en la eslora. Dos golpes le respondieron desde dentro, a lo que el mediano subió a la embarcación.

Due Anbrathot se había reunido nuevamente, y discutían el proceder con las gemas mientras esperaban al último integrante. Un grito rompió la espera, los amigos de las sombras salieron precipitados de la embarcación hacia el muelle: una sombra revisaba un cadáver, el cadáver del séptimo Due. La sombra se detuvo… y supieron que Giorsal aún quería esas gemas de vuelta.

Apresuradamente decidieron juntarse dentro de un año en la ciudad de Ehb, la mítica Ehb, en el último reino habitado hacia el norte, lejos de las tierras de los medianos. Shart emprendió el viaje, buscando la legendaria Ehb por toda Arhanna.

Shart An Valjardin, mediano picaro

Texto e idea original: Os Lort
Edición de texto y guión: Rethzel Ragnar

julio 04, 2007

Preludio: Leghans


Nací en el reino de Suna, en una ciudad llamada Domhull. Hijo de Almir Kinheaden e Isis de Sun, está última sacerdotisa del templo de Odín en la ciudad. Isis quería que siguiera sus pasos y me convirtiera en el siguiente protector del templo. Realmente, desempeñar un papel con tal grado de responsabilidad para con los demás no me era atractivo, así que decidí buscar algún pretexto para evadirme. Decidí salir de aventuras con la excusa de hallar a Simir de Sun, hermano mayor de mi madre.

Isis supo entender la importancia y nobleza de lo que me había propuesto y me concedió su bendición, al igual que Almir mi padre. Desde que decidiera partir hasta el día en que deje Domhull, Almir me enseñó el arte de las estrellas, leer en ellas mi posición y discernir el horizonte a seguir. Me enseñó a encontrar el camino de vuelta a casa siguiendo el curso de Padraig, la Luna roja, y me encomendó averiguar los secretos y misterios que rodean a Ealhard, la luz del norte, una estrella que no sigue ningún patrón.

Con la luz de Ealhard en mente comencé a visitar ferias de mágicos y sabios por todo Suna, intentando encontrar estos oscuros conocimientos sobre la misteriosa estrella. A la vez, dedicaba parte de mi tiempo a la búsqueda de Simir, la que había tomado importancia tras las últimas palabras de mi madre: “… una oscura sombra pesa sobre nuestra familia”.

Dicen que los bardos encierran la sabiduría del pueblo, y tal vez fuese así. El hecho es que decidí consultar a algunos de estos conocedores de otra historia diferente a la de los sabios y magos. Elhayn, como se llamaba este bardo, no conocía nada al respecto pero se mostró interesado en Ealhard y, al igual que yo andaba en búsqueda de alguien que hubo perdido tiempo atrás. Me comentó que viajaba a Ehb, mítica ciudad de Arhanna, supuesta fuente de sabiduría.

Tomé entonces camino junto con Elhayn y su compañero, un mediano llamado Shart, hacia la mítica Ehb persiguiendo un secreto enterrado tiempo atrás y la sombra de aquello que acarrea mi familia.

Leghans Kingheaden, mago elfo sunita

Idea y texto original: VandherAtzzara
Edición de texto y guión: Rethzel Ragnar

julio 03, 2007

Preludio: Glipert



Glipert nació en un pequeño poblado, en un oasis al sur de Kalastor, en las tierras de Suna, llamado Prevo. Su padre, Gregg Ligart, era un ferviente sacerdote de Fharlangh, dios de los caminantes y viajeros; por lo que le llevaba por muchos sitios cuando pequeño, hecho por el cual conoció gran parte del reino.

Cuando Glipert tenía diez años, estando con su padre por la fronteriza ciudad de Sethra, descubrió lo que para él sería la vocación de su vida. La ciudad de Sethra fue atacada por los orcos y Gregg, en su calidad de sacerdote, prestó ayuda desde la retaguardia, curando a los heridos. Glipert, siguiendo las enseñanzas de su padre, también se hallaba en retaguardia. Sin embargo algo le había maravillado: un valeroso guerrero sethrem que rechazaba a los orcos con maestría cuyo combate parecía más una danza. Glipert había decidido seguir esos pasos, y pocos minutos después tuvo que recurrir a su escaso conocimiento de las armas al verse envuelto torpemente entre dos orcos. Gracias a la ayuda de ese valiente combatiente, Glipert rechazó a las bestias.

Años después, estando en la extravagante y nativa comunidad de Kolvir, y ante el extraño ambiente reinante tuvo lugar la desgracia. Al ser Kolvir una comunidad nativa, los clérigos de las deidades llamadas extranjeras eran tolerados pero mal vistos; había allí incluso un grupo más reaccionario, llevado por los sacerdotes de Loki, el que actuaba en la oscuridad contra los sacerdotes extranjeros. El asalto del pez tuvo lugar en Kolvir justo cuando Gregg y Glipert se hallaban en la ciudad. Los seguidores de Loki y sus aliados cayeron sobre los extranjeros matando a la mayoría y raptando a los más importantes. Glipert, en un intento por defender a su padre, atacó a los captores, recibiendo numerosos golpes y heridas que le hicieron perder el conocimiento….

… Nueve años después, un guerrero atraviesa el reino de Arhanna en dirección a Ehb llevando consigo el sagrado símbolo de Fharlangh. Glipert, como se le llama, ha vagado por los reinos del sur buscando a su desaparecido padre, y también intentando unir los retazos de su memoria para construir una historia coherente y que se halla perdida. Glipert recuerda el asalto del pez, luego, todo se volvió sombras…

Glipert Ligart, Guerrero sunita

Idea y texto original: Savelbarh E'ldon
Edición de texto y construcción de guión: Rethzel Ragnar

Preludio: Elhayn

Todo comenzó en Enderien, el reino perdido de los elfos. En Colynwyff, una pequeña y tranquila comunidad en donde pase la mayor parte de mis penas y alegrías. Vivía allí con junto a mi familia: Nizháru Jud, mi padre; Koral Dael’is, mi madre; y mi querida hermana Aulha.

Gracias a mi madre aprendí lo que se ha convertido en el amor de mi vida: hacer feliz a la gente, contagiándoles alegría y esperanza a través de la música y el espectáculo. Por otro lado mi padre, más práctico, fue complementando el trabajo de mi madre con conocimientos diversos y con objetos de todo tipo. Todo este aprendizaje, y el creciente renombre que dedicarse al espectáculo en un pueblo pequeño trae consigo, generaron la envidia entre algunos de aquellos que se criaron conmigo, y para mi tormento, yo me percataba de esto; sintiéndome cada vez más sólo.

Encontré entonces, en esa difícil época de mi vida, consuelo en una joven, amiga de la familia. Ayleen logró alejar mi pesar y alegrar nuevamente a mi corazón, junto a ella podía volver a componer como antaño. Pero como pasa a menudo en las historias de mi gente, las negras nubes eran inminentes. Sadus, el padre de Ayleen, era un elfo avaro y egoísta, no muy querido en Colynwyff pero desgraciadamente con demasiado poder, pues la casa Marceghus era de las primigenias de la región; Sadus veía en su hija de un modo enfermizo, pues para él era su medio de extender su poder por medio de alianzas matrimoniales.

Sucedió una tarde, Ayleen y yo caminábamos por las lindes del bosque, un paseo habitual para nosotros, cuando Sadus nos vio. El aristócrata, ardiendo de rabia, la tomo con fuerza y la alejo de mí. A los días siguientes supe que la había enviado hacia el norte, a la capital de la región.

La vida sigue y yo he de seguir con ella. Ayudado por los escasos amigos que me quedaban en Colynwyff tras mi creciente reconocimiento y fortuna, me hallaba en una taberna cantando a la vida y ahogando las penas en vasos de un cálido vino élfico. La noche era fría. Un alboroto llega desde fuera, algo estaba sucediendo al tiempo que una macabra visión pasaba ante mí y un escalofrío recorría mi columna.

Fui rápidamente a mi hogar, pues aquella visión me había desconcertado. Algo ocurría en mi mente y me preguntaba si esa visión era parte de una broma macabra o un aviso, morboso aviso, de algo inminente. Al llegar a mi morada, caí en un estado en donde lo único que pude hacer fue caer de rodillas al suelo, llorar y mirar impotente la escena que pasaba ante mí. Pedí ayuda a gritos pero, salvo excepciones contadas, nadie acudió.

Cuando las últimas llamas se hubieron extinguido me precipité hacia las ruinas humeantes de lo que fuera mi hogar, en busca de alguna pista de lo que hubiese pasado, y por sobre todo de mis padres y mi hermana Aulha. Los cuerpos calcinados de mis progenitores estaban allí, no así el de mi hermana; impotente caí de rodillas y lloré, consolándome con la idea de que tal vez Aulha hubiera podido escapar a la muerte. Llorando, con la esperanza en el suelo y la fe perdida, me hallaba cuando una mano, suave mano, se posó en mi hombro trayéndome de vuelta. Mi giré y vi a Ayleen, consternada, extraña… me abrazó y me besó para luego, sin decir palabra alguna, subir a uno de esos suntuosos carruajes de su padre.

Pasado el tiempo, recompuesto a medias de mi catástrofe, decidí dejar esta tierra ingrata sin valor ya para mí. Ayleen había ido hacia el norte y mi hermana estaba desaparecida. Emprendí la búsqueda de Aulha, comencé un largo viaje por las ciudades del norte, consultando sabios, mágicos y compañeros de profesión. Di de esta manera con una tía, practicante del arte, especialista en la escuela de la Adivinación. Le pedí ayuda a ella para encontrar a Aulha y Ayleen, para lo cual me pidió que le llevara los componentes necesarios para los conjuros; de ese modo, me apliqué en lo único que podía hacer y con mi laúd comencé a realizar espectáculos en la ciudad. De a poco me fui haciendo de un nombre en la ciudad y comenzaron a llamarme “Voz del saber”.

Una vez hube reunido el dinero para esos exóticos componentes, Minette logró ubicar a Ayleen y a Aulha, ambas en la ciudad de Ehb, al otro lado del continente. El conjuro liberó grandes cantidades de energía lo que con la impresión de ver, aún a través de un espejo a seres tan importantes para mi causaron que perdiera el conocimiento. Desperté en un calabozo, en el sótano de la cabaña de mi tía. No había que poseer demasiada inteligencia para percatarse de lo sucedido, se me había utilizado para un fin que desconozco, y se me reservaba un amargo final. En ese angustiante momento, gracias a las pericias aprendidas de mis amigos, antiguos amigos, en las calles de Colynwyff; logré evadirme por las ventanas en un acto que para muchos hubiese resultado imposible. Dejé entonces, por segunda vez, está tierra maldita. Salí de Enderien y vagué atravesando los yermos vacíos del norte en busca de la lejana Ehb, partí buscando un futuro mejor.

Elhayn Jud, Bardo enderien

Idea y texto original: Nistul Rameloth
Edición del texto: Rethzel Ragnar

mayo 15, 2007

Preludio: Los sueños

¡Caos, fuego y sangre… ríos de sangre!
Hace ya dos centurias las tierras de Kalastor vivieron el advenimiento del mal: los “Años de la oscuridad”… tiempos de batallas sangrientas entre las fuerzas de la “Resistencia” y la horda de demonios traídos de los Nueve infiernos por la Mano de Ahnn, cuya cara visible se conoció como “Lord Anton”. En el nombre de Graz'zt, antiguo y cruel Señor infernal, se aventuró hacia el monte Eliseo con una meta precisa: traer a su señor a Kalastor para establecer sobre los reinos el terror y el caos de los Nueve infiernos... y tal vez, con un objetivo superior desconocido o perdido en el tiempo...

En ese dramático momento fue tomada una decisión fundamental: gracias a la sabiduría de los mágicos se creó la Resistencia. Cuatro valientes reyes decidieron unir sus fuerzas para crear el ejército más poderoso que recordase memoria viviente. Suna, Central, Camp du Vent y Camp du Breth, todos unidos bajo la comandancia de Darwen, el Poderoso. Mientras estos combatian en la superficie de los Reinos, un grupo de elite se adentraba tras Anton por el monte Eliseo... catorce valientes aventureros cuyos nombres todavía se recuerdan: Illean, Kel-Thuzad, Os Lort, Dabain, Anahis, Goran, Kara, Blizzter, Allen, Svelbarh, Arcturus, Grog, Maya y Derwin...
Y esto significó la victoria, el triunfo de la luz sobre las fuerzas de abismo...

¡Ahora, después de tiempos de paz y prosperidad la pesadilla regresa y peor que antes! Kalastor está de nuevo bajo amenaza... en las regiones norteñas la sangre inocente ya ha comenzado a correr y los azotes de la tortura y las violaciones están hendiendo los cielos...

Hay sólo una esperanza de salvar nuestras amadas tierras: las "Tres llaves de la Sabiduría" puestas antaño en el camino a las "Puertas de marfil". La profecía es clara: Sólo un “Hijo del hielo" con un corazón puro podrá abrir las puertas, localizadas en alguna parte del Camp du Vent y, si es bastante fuerte para derrotar al guardián ancestral, tendrá el honor de manejar la poderosa espada y llevar a los valerosos kalaiis en una cruzada épica por la salvación de las Tierras de la luz...

Glipert, Shart, Clean, Elhayn y Leghans han sido marcados por el hielo, pero el camino a la leyenda es dificil, y de los muchos valientes que han intentado alcanzar las legendarias "Puertas de marfil" nadie sabe que les sucedió, nunca volvieron. Ahora es vuestro turno, valientes aventureros, pero recordad: para alcanzar las tres llaves, deberás mirar en el espejo de tus pecados. Así que reza para que el frío invierno congele tu lado oscuro haciendo tu corazón puro como el hielo, o la "Espada esmeralda” será una vez más inalcanzable...

Ve ahora, el camino a las llanuras es largo y el tiempo, corto.

La historia todavía tiene que ser escrita...